HERALDO...
Era el capitán de los puños en alto y de los índices acusadores.
Ni las amenazas directas ni los riesgos inminentes le hicieron dar un paso atrás.
Siempre adelante fue su consigna.
Insobornable en el éxito o en el infortunio, nunca perdió la sencillez ni la franqueza en el trato cotidiano.
Tuvo motivos para envanecerse, pero nunca quiso distorsionar la autenticidad de genio no transigió con las inconsecuencias.
Se agitaba en la contienda.
Era demoledor en el ataque e incontenible en la réplica.
Nunca utilizó recursos innobles y sugerencias sucias.
Se elevaba a alturas conceptuales con dominio temático, abundancia de léxico y fogosidad de oratoria que mantenía en suspenso al auditorio.
En su elegancia mental no cabían las mezquindades.
Alberto Quijano Guerrero.
























































