Septiembre 14 del 2008

Subvertir el orden.

 

Por: Hector Rincon.

Por los mismos días del nuevo alboroto formado por la senadora Piedad Córdoba, se daban recitales de poesía y se escuchaban canciones de flores para mascar y se revivían historias hechas con alevosía y con candor por un puñado de langarutos que hace 50 años subvirtió el orden establecido.

Una coincidencia. Quienes habían pasado de la nada al Nadaísmo conmemoraban un cumpleaños feliz porque han estado en todo este medio siglo vacunados contra el olvido. Sin que se lo hubieran propuesto, los muchachos de entonces se volvieron a dar cuenta ahora de que siguen vivos y orondos y de que su desfachatez no fue en vano porque levantaron polvareda y pasaron delicioso.

Tanta polvareda levantaron que aún se siente en el ánimo pendenciero de algunos intelectuales que cada rato en los últimos 50 años han enfilado misiles para disparar contra los nadaístas. Los han desdeñado. Les han dicho poetas incompetentes, escritores de pipiripao. Payasos. Pero el verdadero poder del Nadaísmo se manifiesta en que aún hoy, tanta historia y tanta sangre después, siguen enfureciendo a sus detractores que no resisten su espíritu libre y el ejercicio de la vida que les ha dado la gana llevar.

El Nadaísmo fue una reunión de disidentes de una imposición de vida. Muchachos que no soportaron el imperio de las arquidiócesis ni los decretos presidenciales ni la mojigatería ambiental. Se negaron a la confesión y a la comunión y a la idolatría del dinero y al ritual del trabajo como dignificación. Dijeron no a todo eso, a todo lo que oliera a imposición, a las lecturas obligadas y a los chistes de salón y a las indulgencias plenarias.

Los nadaístas dijeron no dejaremos títeres con cabeza e irrumpieron en el país con una participación abundante en el periodismo y en las tertulias. Se inventaron un lenguaje y una comunidad y se inventaban todos los días polémicas y escándalos porque decidieron subvertir el orden de un establecimiento que se les hacía desigual y almidonado y que, además, amenazaba con la perpetuidad.

A eso se dedicaron con el ímpetu de los 20 años que es la edad en la que subvertirse y subvertir es un deber, como diría Borges. Porque quien en esas edades no escupa la edificación heredada y no quiera con ahínco transformar el orden social; aquel veinteañero conforme con lo que le rodea y no crea en la urgencia de cambiar el sentido del viento y los cuatro puntos cardinales y las reglas de todos los juegos, debe preocuparse y preocupar porque no es normal que en esos momentos de ardores no se desee con convicción inventar otra vez el mundo.

Por eso el llamamiento de Piedad Córdoba ante estudiantes universitarios me pareció redundante. No hay que pedirle a esa juventud en brasa viva que se subvierta. Debe hacerlo de manera genuina si lleva por dentro, como tendrá que llevarlo, un motor encendido que le hace pensar que puede transformar la historia, al menos su historia.

Lo que pasa —y lo ha dicho Pedro Medellín de manera muy lúcida en su columna de El Tiempo y en sus intervenciones en ‘Hora 20’— lo que pasa es que todo pensamiento político está criminalizado en Colombia. Usar el término subvertir el orden conduce con automatismo a pensar en trincheras y en minas ‘quiebrapatas’. No es una reflexión. No en una obligatoria revisión de esquemas y de presunciones. Es una desgracia que esta Colombia tan urgida de debates y de reconocimiento de las diferencias ideologías, estanque la discusión por el uso de términos que la mentalidad guerrerista los ha hecho exclusivamente oler a pólvora.

Algo/mucho ha pasado desde aquella época de fundación del Nadaísmo. No sé si entonces era otra patria boba, pero en todo caso había un espacio para el disentimiento sin riesgos. A los nadaístas los excomulgaron por subvertir el orden. Ahora quien diga que lo quiere subvertir tiene que echarse al monte o le mandan un pistolero.


Tomado revistacambio.com



*Comentarios

  • ESCRITO POR: samir
    El derecho de rebelarse es legitimo y no solo en contra dictadores como dice Varito..tambien cuando un sistema politico -economico es injusto...
    .


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